Escrito por Defensor del Abogado el 21 de marzo, 2012

El Ilustre Colegio de Abogados de Madrid vulnera la ley de Protección de Datos y sin embargo su gerente se ampara en la misma ley para no declarar la cuantía de su retribución.

Escrito por Eduardo  Herrero  Bellacasa.

Los abogados hace siglos que existimos, los abogados hace siglos que somos importantes, imprescindibles para garantizar una sociedad libre con respeto al ser humano y su libertad.

Hace siglos también, se crearon los colegios de abogados para fortalecer la independencia  de los letrados, lo que a la postre fortaleció y fortalece  la libertad de los ciudadanos. Por ello el abogado merece especial respeto en el ejercicio  de su función profesional.

Los colegios de abogados han crecido, y el de Madrid es un ejemplo claro. Éste, como toda institución con objetivos fundacionales con trascendencia social, además de tener órganos de gobierno, que velen por el cumplimiento de los mismos, de los objetivos fundacionales, necesita una intendencia, una administración , que permita que los órganos de gobierno de la institución se puedan dedicar  a lo realmente trascendente, mientras la administración se debe encargar de cumplir las instrucciones de los órganos rectores del colegio para facilitar su función y así cumplir el mandato recibido de los abogados colegiados.

Dicho esto,  vean el siguiente caso de nuestro colegio de Madrid.

En la asamblea  de 7 de noviembre último, la abogado  Sonia Gumpert, preguntó lo que cobra el gerente de colegio. Como respuesta recibió una “no respuesta” en base a una interpretación de la ley de Protección de Datos que podríamos catalogar, si somos benevolentes, de estudiantil, propia de un novel estudiante de derecho.

Ante estas actuaciones uno se pregunta ¿pero de quién es el colegio? ¿No estamos todos de acuerdo en que el colegio es de los abogados? Alguien se puede imaginar que llega a su casa, después de ver en el  saldo de su cuenta, una salida de dinero agrupada, que incluye los salarios de portería  y limpieza, y que pregunta al responsable de limpieza cuanto ha cobrado de esa partida  y que éste  le conteste que esa pregunta violenta la ley de protección de datos. Pues algo similar, salvando las distancias y dicho sea con respeto, ha pasado con el primer empleado del colegio madrileño. Gumpert preguntó y respuesta no recibió.

En contraste a lo anterior, el colegio no tiene inconveniente, en que se publiquen los nombres de los abogados que tienen abiertos expedientes, que pueden, como sabemos, terminar de formas muy distintas, hasta evidenciando el error del instructor y la bondad del abogado.  Ver noticia.

El mismo órgano de gobierno del colegio que no se inquieta por esta realidad, permite que el empleado mencionado, se niegue a concretar lo que cobra a pregunta de un abogado, que para colmo es quien le paga. Y ojo, que lo que gana el empleado y no quiere hacer público  es mucho, pero mucho más de lo que ganan la mayoría de los abogados que le pagan, justamente para que les sirva a ellos a través de su trabajo en el colegio.

La veteranía del empleado no debe permitir que éste, en el ámbito de la relación contractual correspondiente, olvide que debe obediencia y respeto a sus superiores jerárquicos.

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